AMG, más alla de las letras

AMG, más alla de las letras

Todos sabemos que cuando vemos un Mercedes con las siglas AMG en su carrocería, estamos ante algo más que un simple coche de la firma alemana de automoción. Aunque el segnificado de las letras no es tan apacionante, las siglas AMG provienen de las iniciales de los apellidos de sus dos fundadores (Hans Werner Aufrecht y Heberhard Melcher), unidas al nombre de la ciudad de origen de Aufrecht (Grossaspach), su concepto es mucho más inspirador y profundo.

Tras el terrible accidente de Le Mans de 1955, en el que un 300 SLR salió proyectado hacia el público causando la muerte de 82 espectadores, la compañía Mercedes se retiró oficialmente de las competiciones (aunque los vehículos estrella siguieron participando a nivel privado).  Aprovechando la ocación los dos ingenieros alemanes optaron por crear en 1967 una empresa para diseñar y probar motores de competición. Los inicios de AMG fueron modestos. Se especializaron en Mercedes, ofreciendo preparaciones y paquetes de adaptación para los motores, así como suspensiones más rebajadas y llantas de aleación de aires deportivos. Pese a que muchos consideraban que los vehículos que comercializaba AMG ya no eran genuinos Mercedes por el exceso de modificaciones y retoques, la profesionalidad y el saber hacer de AMG generó un buen ambiente de colaboración con Mercedes. Los directivos de la estrella empezaron a ser conscientes de que la gente, cuando quería un Mercedes radicalmente deportivo, siempre recurría a las individualizaciones de AMG. De un modo inteligente, se percataron de que era imposible ponerle puertas al campo y decidieron beneficiarse también de una potencial fuente de negocio, permitiendo que AMG utilizase la red de ventas de Mercedes para comercializar sus líneas de personalización.

Hoy en día AMG  se encarga de las versiones deportivas y personalizadas de la marca de la estrella. Es el equivalente a las versiones M de BMW y a las versiones R y RS (especialmente la segunda) en AUDI.

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